Presa de jaula

Desde los veneros del Arrimadizo a los pies de la sierra Alhucema,
desciende un regato conocido como el arroyo de Jaula, que va ganando caudal de otros ríos

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José A. Espejo

#YOMEQUEDOENCASA

 

José Aumente Rubio

A partir de que junte sus aguas con las del arroyo de Gámiz, cambiará su nombre por el de río Genilla, cuyos remolinos irán a parar, a su vez, al río Zagrilla, posteriormente al río Salado, y finalmente al Guadajoz.

El topónimo Jaula también aparece en los mapas como segunda denominación de la sierra de los Pollos, cuyas laderas orientales lame el arroyo del mismo nombre; y también se conoce como Jaula a un núcleo de población o diseminado de Priego que según datos obrantes en el Padrón Municipal de Habitantes a fecha de 3 de enero de 2018, cuenta con tan sólo 21 almas.

Este pequeño poblado se sitúa en el valle del mencionado arroyo y se llega al mismo por la carretera CO-7208, que conecta la carretera de Rute a Carcabuey (A-3226) con la A-339, a las afueras de Priego. Dicha carretera discurre en paralelo, y por la margen izquierda del arroyo de Jaula, y nos ofrece magníficas vistas del valle que ha formado este arroyo, rodeado de fresnos y álamos, entre las abruptas estribaciones septentrionales de la sierra de Horconera, a la derecha, y los más suaves relieves de la sierra de los Pollos o de Jaula, aterciopelados de matorral bajo con algunos manchones de encinas.

Por este valle discurre al antiguo camino de Rute a Priego de Córdoba, coincidente con una estratégica vía pecuaria, «la colada de la fuente de Carcabuey a Fuente de Chaparral de los Terneros», gran parte de cuyo trazado se ha utilizado para perfilar uno de los itinerarios señalizados del Parque Natural de las Sierras Subbéticas, el sendero de Sierra Horconera, coincidente también con un tramo del Sendero de Gran Recorrido GR-7, que atraviesa la Península Ibérica de norte a sur.

Vamos a centrar nuestra atención en un paradisíaco enclave que se encuentra en el tramo final del arroyo de Jaula, a pocos metros de que aumente de categoría, transformándose en río, y cambie su nombre por el de Genilla. Se trata de la presa de Jaula.

Este viejo embalse está colmatado, y, sobre lo que en un día fuera el vaso del mismo hoy crece una frondosa alameda, con denso sotobosque de zarzas, rosales silvestres y equisetos. La presa de Jaula presenta una singular estructura: El muro de la misma está hueco y muestra una doble arcada, en dos plantas. Un pasillo con barandilla permite situarse detrás de la cortina de agua, disfrutando de este modo de la increíble sensación de meterte literalmente dentro de la cascada de agua, al poder acceder al interior de la presa por un pozo de registro o mantenimiento con patés o peldaños construidos con barras de hierro.

El acceso es, por tanto, bastante complicado y no ofrece ninguna medida de seguridad, por lo que se recomienda admirar mejor la presa desde fuera para no arriesgarnos a tener un accidente. Las paredes rezumantes de agua permiten que crezca profusamente el culantrillo de pozo, ofreciendo la imagen de un chorreante y húmedo jardín vertical. Los innumerables chorros de agua que se despeñan desde el borde de la presa alimentan una amplia poza, invitando al baño en los meses más calurosos, dando la oportunidad de disfrutar a la vez de una refrescante ducha.

El enclave donde se construyó la presa ya llamó la atención a nuestros más remotos antepasados. En la base de datos del Patrimonio Inmueble de Andalucía figura la presa de Jaula, como lugar de un asentamiento de la Edad del Hierro, que se prolongaría seguramente a época íbera, y donde se han encontrado abundantes fragmentos de cerámica, e incluso un trozo de escultura de figura femenina en piedra caliza.

Cerca de allí se localiza el cortijo de Quintas, que destaca por ser una zona densamente cubierta de material de construcción y cerámica romana, con abundantes fragmentos de cerámica común, terra sigillata, dolia y tegulae. La extensión del yacimiento y la densidad de material nos permiten suponer la existencia de un asentamiento durante el Alto Imperio Romano, del que pudo surgir una villa en la Edad Media.

Como llegar

Para llegar a la presa debemos tomar la carretera de Jaula (CO-7208), que parte cerca del kilómetro 22 de la carretera A-339, a unos tres kilómetros de Priego. Un cartel indica que dicha carretera conduce a Los Villares. Cuando llevemos recorridos unos 500 metros, veremos que parte a la izquierda un camino que se dirige al cortijo de Quintas -reconvertido en el alojamiento rural Villa La Quinta- y atraviesa el arroyo de Jaula por un puente.

Desde esta pasarela, siguiendo el cauce del arroyo 100 metros aguas abajo, llegaremos a la presa de Jaula. En esta zona el arroyo se rodea de una frondosa alameda. Podemos caminar por el límite del olivar, con vistas al abrupto montecillo de Uclés, espolón septentrional de la sierra de Los Pollos o Jauja, coronado por una torre vigía medieval que muestra un espectacular emplazamiento.

Para llegar caminando desde Priego de Córdoba, podemos tomar la vía pecuaria Colada de Fuente de Carcabuey a fuente Chaparral de los Terneros, camino terrizo que coincide con el Sendero de Gran Recorrido GR-7 y parte de la población como prolongación de la calle Carmen Luque Matilla.

Este camino desemboca en el carril de Navasequilla, que viene desde la fuente de la Milana, en la carretera A-339. Al poco se desvía a la izquierda el veredón de la Almorzara. Debemos seguir de frente, para, pasado el cortijo de Gámiz, desviarnos por un camino a la derecha, por donde continúa la vía pecuaria y sendero de gran recorrido.

Este camino, empedrado y rodeado de muros de piedra, asciende hasta un collado, y luego desciende por la otra vertiente en busca del arroyo de Jaula, justo donde hay un puente que permite acceder a la CO-7208, y de ahí hasta la presa de Jaula.

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Por José A. Espejo

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Cerros de Roa

todosaldrabien-min

Camino que desciende hasta el barranco del arroyo Salado desde los cerros de Roa.
Al fondo Sierra de Rute

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José Aumente Rubio

El territorio de Rute ha sido explotado intensamente por las comunidades humanas a lo largo de la historia. La roturación de los suelos, el carboneo de los bosques de encinas y los aclareos con fines ganaderos han provocado evidentes transformaciones de la vegetación natural. Hoy día el territorio de Rute aparece, en su mayor parte, cubierto por olivos. A pesar de todo, en las laderas más inclinadas, en las riberas más húmedas y en la parte alta de los rocosos cerros aún podemos observar restos de vegetación natural.

Las herrizas son más que nunca lugares donde la hermosura se acoge y la libertad reina, donde el campo saca incansables bellezas escondidas y acumuladas, las renueva y ofrece sin tasa a los ojos y al alma de quienes quieren gozarlas.

Al norte del pueblo de Rute, limitado por las carreteras A-331, al oeste; CO-8213, al norte; y A-3226, al sur y este; se extienden un amplio territorio, entre La Sierra de Gaena, Los Morrones y la sierra de Rute, por donde no surca ninguna carretera ni atraviesa vía pecuaria alguna. Sin embargo, una red de pistas de tierra y caminillos de menor entidad permiten adentrarse por este intrincado territorio, donde aquí se riza una loma y allá se quiebra una cañada.

Aunque quede fuera de los límites del parque natural de las Sierras Subbéticas, este espacio muestra un paisaje sumamente atractivo que podríamos definir como un mosaico donde se alternan olivares con cerros y vaguadas que muestran una más que aceptable cobertura de vegetación natural.

El arroyo del Salado y sus afluentes, como el arroyo de Astorga, drenan este territorio y han excavado profundas vaguadas en cuyas laderas se aferra una vegetación que en algunas umbrías podríamos calificar de exuberante. Lo abrupto del terreno, que ha propiciado que se hayan formado algunos cortados rocosos, junto a la profusión de cortijos y casuchas ya abandonadas, son otros dos rasgos que definen este gran trozo de territorio ruteño, bastante inédito y desconocido para los visitantes foráneos que se acercan a conocer la comarca.

Podemos iniciar nuestro paseo en el restaurante el Vado, situado en la entre los kilómetros 14 y 15 de la carretera A-331, entre Rute y Zambra. Aquí comienza un camino que, tras cruzar el río Anzur, conecta con una pista terriza, que viene desde Rute y finaliza en la aldea de Palomares, en la carretera A-3226, y que constituye el eje central del territorio que vamos a prospectar.

Iniciamos la marcha por dicha pista en dirección a Rute, que en realidad es un tramo de la vereda de Cabra. El camino traza un par de curvas cerradas para ganar altura. A un kilómetro aproximadamente, después de pasar un pequeño eucaliptal situado en una curva, nos desviamos por un camino a nuestra izquierda, que conduce hasta el caserío de Los Chopos.

Antes tendremos que atravesar el profundo barranco del arroyo Morales y rodear un mogote rocoso, donde se refugia un encinar con sotobosque de jara blanca, matagallo y esparto. La lista de plantas que vamos identificando va aumentando paulatinamente, y apuntamos el agracejo, el aladierno, el torvisco, el espino negro, el tojo, la madreselva, la bolina, la hiniesta, el rosal silvestre, y algunas mimbreras en el arroyo recién atravesado.

A la altura del caserío de los Chopos, rodeado de almendros, se conecta con otro camino que viene desde la carretera A-3227, y que tomamos en dirección opuesta, descendiendo hacia el valle del arroyo del Salado, por la ladera de umbría, donde encontramos como novedad algunos quejigos. Nos llamará la atención un hermoso arbusto de flores amarillas que muestra unos frutos en racimo a modo de vejigas. Se trata del espantalobos (Colutea atlántica), planta endémica del centro y sur de España y noroeste de África, poco frecuente en la comarca. Los abundantes rastros de jabalí y zorro no dejan duda de cuáles son los mamíferos más abundantes en la zona.

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Sima Talillas

Talillas

 

      Las buitreras de las Lagunillas -paraje incluido en el Inventario Andaluz de Georrecursos, que está situado al noroeste de la aldea de Las Lagunillas, y del que también hablamos la semana pasada- debe su título a la denominación que recibe la más alta cota de la Sierra de Alhucemas, Buitreras, situada a 1.452 metros de altitud, pero que, al no tener categoría de vértice geodésico, no suele aparecer en los mapas topográficos.

El área que comprende este enclave de interés geológico abarca un amplio territorio de la cara sur del Macizo de la Horconera. Ya visitamos su parte más occidental y hoy nos dirigimos hacia su parte central, en dirección a un valle cerrado y abrigado por las vertientes meridionales de Sierra Alhucema que se encuentra justo debajo del pico Buitreras.

Este valle está protegido, hacia el oeste, por el espolón montañoso del cerro de la Cruz, denominado así porque en su áspera y pelada cumbre, situada a 1.244 metros de altitud, se alza una cruz de hierro trasladada desde la iglesia de Las Lagunillas cuando se acometió la reforma de la misma. En muchos mapas tampoco aparece este topónimo o está equivocado, nombrando como cerro de la Cruz un mogote situado al suroeste del pico Tiñosa.

A los pies de este profundo barranco, labrado sobre margas cretáceas y enmarcado entre roquedos y paredones de naturaleza caliza y dolomítica, se sitúa el cortijo Alto de Torres, hasta el que llega un buen camino que parte de la aldea de Las Lagunillas, y más concretamente desde la calle Toledo. La primera parte, hasta el cortijo de Los Petronilos, coincide con la ruta de la semana pasada.

A partir del mismo, en lugar de desviarnos hacia el oeste, debemos continuar por el camino principal, hacia el norte. Los olivares dan paso a una zona boscosa con enormes ejemplares de encina, donde el camino da una gran curva hasta llegar al rellano donde se sitúa el cortijo Alto de Torres, en cuyas inmediaciones encontramos elementos naturales de sumo interés.

Hay que recordar que estamos hablando de una propiedad privada, que acoge una explotación de ganado vacuno, y que, por tanto, sería conveniente pedir permiso antes de entrar. Además, se encuentra dentro de los límites del parque Natural de las Sierras Subbéticas, por lo que sería necesaria la correspondiente autorización.

ÁRBOL SINGULAR //

     A unos 200 metros al oeste del cortijo, en una ladera de pendiente moderada, con orientación sureste, en un entorno de pastizal con arbolado disperso compuesto principalmente por encinas, y cerca de una pequeña cantera abandonada, se encuentra un árbol singular, catalogado como tal por la Junta y la Diputación.

Se denomina Encina de las Vacas y destaca por sus dimensiones, en particular por su perímetro de tronco y la amplitud de su copa, que está sostenida por un fuste muy recto que se ramifica en tres grandes ramas principales. Dicho tronco está muy ensanchado en la base por el gran desarrollo de las raíces superficiales, llegando a los nueve metros de perímetro. A pesar de que su edad se estima en unos 450 años, su salud es muy buena y no se observan daños de poda, sólo algún pequeño desgarro y alguna ramita seca.

Desde la cantera, si seguimos subiendo perpendicularmente a la misma, y tras recorrer unos 800 metros, llegaremos la boca de una de las cuevas más conocidas y valoradas por los espeleólogos cordobeses, denominada sima de Talillas, que está situada en la cota de los 1165 metros. Debemos pasar por una franja de encinas y después una de pasto, hasta llegar a una zona de monte bajo donde encontraremos la entrada a dicha cavidad.

En el interesantísimo libro Historia de la espeleología en la provincia de Córdoba, del Cronista oficial de Priego de Córdoba, Miguel Forcada, he encontrado datos muy curiosos sobre esta cavidad, que he completado con la obra Cuevas y Simas de la provincia de Córdoba, de José Antonio Mora, publicada por la Diputación provincial.

Acceso limitado

En esta sima se produce el primer accidente espeleológico de la provincia de Córdoba, al menos del que se tenga registro escrito. Concretamente, el 19 de marzo de 1966, el espeleólogo granadino Antonio Peinado Arrufat, de 19 años de edad, sufrió una caída en Talillas durante un ascenso por escala, a consecuencia de la cual sufrió graves lesiones en la columna vertebral.

Sima de Talillas fue descubierta, oficialmente, el 8 de Julio de 1965 y explorada por primera vez el día 18 del mismo mes y año; aunque con toda probabilidad ya era conocida por los cabreros de Lagunillas.

La sima fue de nuevo explorada en años posteriores. Entre otras visitas, podemos registrar las del GESP el 7 de Diciembre de 1986, de nuevo en agosto y septiembre de 1989 y otras veces en 1992, 1994 y 1997. Muchos otros grupos de espeleología han penetrado en esta sima, que resulta muy atractiva tanto por sus características técnicas como por su belleza. De hecho, para muchos de los que la han visitado, esta es la sima más bonita de la comarca.

Talillas posee una boca inestable sumamente peligrosa y un pozo final de unos 20 metros, totalmente aéreo y muy espectacular. Cuenta con una gigantesca sala de proporciones y altura extraordinarias, que es como una gran geoda plagada de todo tipo de formaciones en estado de desarrollo, encontrándose muy activas. Se pueden ver estalactitas, estalagmitas, coladas, banderas, excéntricas, gours, microgours, así como columnas de gran desarrollo.

Es de destacar el buen estado de conservación dada la dificultad que entraña llegar a este lugar. Como es lógico, su acceso está limitado a personas experimentadas, que conozcan técnicas de espeleología.

 

José Aumente Rubio

 

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Por José A. Espejo

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Integral por la Subbética Cordobesa

Villares

Integral por la Subbética Cordobesa. 55 km. y 4.000 m. de desnivel

Vista desde Los Villares al Pico Bermejo

 

Integral por la Subbética

Empezamos en Rute (justo donde terminaban las primeras travesías de resistencia), subiendo en línea recta por el cortafuegos que lleva a la Torre del Canuto y más arriba, hasta el Cerro de las Cruces, donde comienza la larga cresta pedregosa de la Sierra de Rute, que culmina en el vértice geodésico de Sierra Alta (1.326 m.) y que se prolonga varios kilómetros en dirección NE hasta llegar al Puerto de Rute.

En este collado entramos en el término de Priego de Córdoba y afrontamos la larga subida a la Loma de las Chozas (1.314 m.), la primera de las montañas que componen la Sierra Horconera. Tras un breve refrigerio en la Fuente del Espino nos dirigimos al Puerto del Cerezo, desde donde subimos al Pico Bermejo (1.474 m.) en una ruta de ida y vuelta que nos vuelve a dejar en el puerto.

Toca ahora subir los fuertes desniveles de la Sierra Alhucemas (1.453 m.) hasta llegar a la afilada cresta de su cumbre, donde nos vemos obligados a usar las manos y extremar la precaución para no perder el equilibrio. Un largo y penoso descenso nos lleva a Puerto Mahína para comenzar sin mucha dilación la subida a la reina de las Subbéticas, la Tiñosa (1.570 m.), que ascendemos y bajamos por su ruta normal.

Tras un reconfortante avituallamiento en el cortijo las Chozas de Toledo abandonamos las sierras más altas para dirigirnos entre olivares a la caudalosa Fuente del Arrimadizo y de allí a nuestro siguiente objetivo: la Sierra de los Pollos (1.095 m.). La oscuridad se va echando encima y nos damos cuenta que el ganado apenas pasta ya por esta sierra, por lo que las aulagas y los romeros nos llegan al pecho y los compañeros en pantalón corto sufren las consecuencias.

No obstante, la luna llena y el frescor de la noche estimulan al grupo, que consigue culminar y llegar al vértice geodésico. Un largo descenso igualmente incómodo nos dirige hacia la aldea de Los Villares y Fuente Castilla, junto al Arroyo de las Tijeras.

Reponemos agua para afrontar una de la subidas más exigentes del recorrido: la Sierra Gallinera (1.095 m.), que realizamos por las Colaíllas del Puntal y cresteando a continuación hasta llegar a la cima. Otro largo descenso entre piedras y olivares y volvemos a llegar al Arroyo de las Tijeras, donde nos aguarda otro avituallamiento.

Después de lo que llevamos las piernas siguen bien y ahora llega el momento de recorrer el largo carril que sube hasta la Fuente del Francés y continúa hacia la Loma, una de las mayores alturas de la Sierra de Gaena, desde donde bajamos a la Fuente de Salmerón. En este punto lo dejan varios compañeros y alguno más se incorpora, lo que resultará fundamental para afrontar lo que nos queda desde aquí.

Nueva subida, en esta ocasión para llegar a lo alto del Morrón de Salmerón (1.029 m., en los mapas se le llama “La Camorrilla”). Iluminados por una luna espectacular, desde este pico recorremos una larga distancia entre espesos matorrales y terreno rocoso que nos lleva a otras sierras, entre las que destaca la Cabrera (1.093 m.), en cuyo descenso comienza a amanecer.

Ya con la luz del día acometemos las tres sierras de Carcabuey que nos quedan: el Cerrajón de Palojo (995 m.), nuestra querida Algaida (1.096 m.) y finalmente, la Luca (1.003 m.), tras la que una cómoda bajada nos lleva a un emocionado encuentro con nuestros amigos, que nos esperan en Las Llanaíllas del Castillejo, donde dejamos de andar tras recorrer 55 km. y superar 4.000 m. de desniveles positivos y negativos, subiendo a todas las sierras del Parque Natural situadas al sur de la carretera de Cabra a Priego (A-339).

Julián García Moreno

 

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Sierra de Gaena

sierra de gaena

Sierra de Gaena

Vista desde el camino de Zambra a Carcabuey (en la sierra de Gaena), a la altura del cortijo de Montenegro

 José Aumente Rubio

   La de Gaena es una apartada y pequeña sierra constituida por algunas lomas que apenas superan los 800 metros de altitud, cuyo sector meridional se adentra en el término de Rute, si bien la parte septentrional se sitúa a caballo entre los términos de Cabra y Carcabuey. 

Vamos a conocer la parte ruteña de esta sierra, aunque los primeros kilómetros de la ruta propuesta discurrirán por territorio de Cabra. Esta sierra se denomina genéricamente de Gaena en alusión a la pedanía de Gaena-Casas Gallegas, pequeño núcleo de hábitat rural diseminado del término de Cabra situado en la confluencia de las carreteras CO-7212, que conecta Cabra con la aldea de Algar, y la CO-7213, que conduce a El Nacimiento y Rute. Aunque de reducidas dimensiones, estas suaves y redondeadas lomas esconden algunos elementos naturales muy interesantes.

Ya hablamos en su día del encinar adehesado de la Sierra de Gaena, arboleda singular que está situada dentro del término municipal de Cabra, pero en la parte de Rute también se localizan dos árboles singulares de los que hablaremos más adelante; 

y además se dan cita algunos endemismos interesantes, como Merendera androcymbioides, que crece en lugares abiertos sobre materiales calcáreos más o menos pedregosos y claros de matorral, entre los 600 y los 1.600 metros de altitud de algunas Sierras Béticas del interior andaluz. Esta delicada merendera constituye una de las plantas de mayor atractivo científico de la flora de la comarca. Es endémica de Andalucía, y únicamente se ha encontrado en las provincias de Cádiz (Grazalema), Málaga, Córdoba (Subbético) y Jaén. No parece estar en peligro de extinción por causas inducidas por el hombre, puesto que el manejo y aclareo del monte, parece favorecerla, así como el ganado.

La fauna también es rica y variada, y podemos encontrar jabalíes, zorros, tejones y garduñas, así como perdices, palomas torcaces y un sinfín de pajarillos que contribuyen a aumentar el valor ecológico de la zona. Sobrevolando sus despejadas cumbres se suelen avistar buitres leonados, y más raramente algún águila real; en época estival y de paso también se ven con frecuencia águilas calzadas y culebreras.

A unos dos kilómetros del cruce de Gaena, en la carretera CO-7212, en dirección a El Algar y Carcabuey, se inicia a la derecha un camino que, tras cruzar el arroyo Merino, se dirige hacia el cortijo de Colodro, pero no termina aquí, sino que continúa hasta desembocar en una pista de mayor entidad que en algunos planos aparece como camino vecinal CP-175, atravesando la sierra de Gaena.

Al principio predominan los olivares, que conforme ascendemos son sustituidos por un encinar muy aclarado, con enormes ejemplares de lentiscos y cornicabras, de porte arbóreo, y escaso matorral de matagallos y retamas. Se pasa por algunos cortijos abandonados, hasta llegar al cortijo de la Capellanía, ya en término municipal de Rute

Esta es la zona de mayor interés del recorrido, donde encontraremos dos enormes ejemplares de lentisco catalogados como árboles singulares por la Junta. El lentisco de la Capellanía I, situado a la izquierda del camino, es singular por su porte arbóreo, pero lo que realmente le hace excepcional son sus dimensiones, tanto su altura (9 metros) como el perímetro (2,70 metros en la base). El tronco de este lentisco está algo inclinado y su copa es muy densa, simétrica y redondeada. Una de las ramas principales se le desgarró parcialmente hace unos años, pero continúa viva. 

Un poco más adelante, a la derecha del camino y a pocos metros del cortijo, encontraremos el Lentisco de las Capellanías II, ejemplar algo menor que el anterior pero muy destacable también por sus dimensiones. Su porte claramente arbóreo con fuste inclinado, así como su altura y perímetro, son aspectos realmente excepcionales en el contexto de esta especie.

Hermosas vistas

Tras pasar por el cortijo de las Capellanías, descenderemos por un estrecho valle, con paredes rocosas a la izquierda y espeso encinar en las laderas de la derecha. Se trata del barranco de Santa Ana. Encaramado a la derecha se divisa el cortijo del Barranco, uno de los muchos que se ofertan como alojamiento rural en la Subbética. En su interior se guardan infinidad de aperos y útiles de labranza que ayudan a conocer la historia y el desarrollo de las actividades agrícolas tradicionales de la comarca.

Llegaremos al antiguo camino de Zambra a Carcabuey, que hoy constituye una bien trazada pista terriza, la CP-175. A esta vía se puede acceder también desde la carretera CO-7212, a la altura de la cortijada de Los López. Pero nosotros continuamos en la dirección opuesta, a la derecha y hacia el suroeste. Lo más interesante de este tramo, que discurre por zonas de olivar con algunos retamales, son las hermosas vistas de la cara norte de la sierra Gallinera, más cercana, y de las sierras de Horconera y Rute, en segundo plano; en el fondo del valle, el arroyo de las Tijeras fluye oculto por una gruesa línea verde de álamos chopos, fresnos y olmos; y en el borde de las cunetas todavía queda lugar para encontrar alguna encina o quejigo, a la que abraza la perfumada madreselva o los pinchudos rosales silvestres.

Antes de desembocar en la carretera CO-8213 -que desde el Nacimiento de Zambra nos llevará hasta la carretera A-3226 (Rute- Carcabuey), muy cerca de las aldea de Las Piedras y Palomares-, podremos contemplar un buen ejemplo de pliegues tectónicos sobre el cauce del arroyo del Pito que queda a nuestra derecha en el camino.

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Tiñosa 2019

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Reto 8 Cumbres Andaluzas

   Egatrekking 29 de diciembre de 2019

 

Como colofón a nuestro Reto 2019, 8 Cumbres Andaluzas, ascendimos a la última cumbre que nos quedaba, la de nuestro excepcional Geoparque de la Subbética Cordobesa, La Tiñosa (1568 msnm).

En esta ocasión y aprovechando la despedida de año nos animamos un nutrido grupo de Egatrekkines, allá andaba, Luis, Pope, Miguel, Pepe, su vecino, Wen, Miguel A, Romero, Basilio, Maholet, Domi, Juli, y el que suscribe. 

Partimos del Vereón de la Almazara y pronto nos desviamos por el camino de las Lomas dirección el puerto de Navasequillo en cuyas inmediaciones el sendero se estrechó y volvió muy exigente, aunque pronto llegamos al puerto.

A partir de aquí iniciamos el duro y largo ascenso, por la ladera norte de este gran “peñasco”, a través de un sinuoso senderillo que conforme ganaba altura se iba perdiendo, lo que provocó que el grupo se rompiera en varias “patrullas”, buscando el sendero en tan empinado lapiaz lleno de enormes roquedos. 

En el horizonte se divisaba el monolito de este alto, que nos empujó a apresurarnos para alcanzarlo y disfrutar de nuestros merecidos bocatas, amenizados por el excelente Moriles que cultiva Luis junto a unas ricas tapas de buen queso manchego y avecillas fritas, ¡Que lujazo en plena naturaleza!

Nos acompañó un espléndido día soleado, algo fresco en cumbre, que nos permitió disfrutar de las mayestáticas vistas que brinda este pico.

Vuelta a los coches a través de Puerto Mahina incorporando una nueva variante a las ya repetidas excursiones a esta cima, por la ladera oeste que la recorre de sur a norte cruzando el profundo y espeso barranco de los Pozos de la Nieve, además de los descomunales canchales de la cara oeste de esta gran cresta.

Cervecicas y alterne en un insuperable ambiente al llegar a Cabra, en comuna.

 

Gran día, Si Señor, Ajolá se repita muchos años.

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Travesía de hermanamiento 2019

puerto del cerezo

Travesía de Hermanamiento

Travesía Omeya-Nazarí 2019

        17 de Noviembre 2019

Mal tiempo se nos presentó este finde de hermanamiento con nuestros amigos de Granada.

El inicio de ruta discurrió sin lluvia, pero pronto hizo su aparición y ya no nos dejó a lo largo de todo el día.

La ruta arrancó desde la cortijada de Cerro Barea para ascender por el Cortijo del Cerezo entre las majestuosas Sierras de Alhucemas y el Pico Bermejo. Después del desayuno en la Fuente del Cerezo, alcanzamos el puerto del mismo nombre donde las nieblas, el viento y la lluvia impedían disfrutar de las espectaculares panorámicas que este paraje nos ofrece a la muralla del Bermejo, Jardín del Moro, Collado de la Orza y el gran Barranco de Vichira al oeste. 

La loma de las Chozas ,la Casilla el Podrio (cortijo más alto de la Subbética), puerto o Viso de la Higuera al sur y la gran Cresta del Alhucemas al este..

Continuamos la bajada hacia la aldea de las Lagunillas pasando por el cortijo y la Fuente de la Higuera que nos hubiera mostrado unas bonitas vistas a la Tiñosa y al Gran pantano de Iznajar. No pudo ser, el tiempo reinante sólo permitía ver no más allá de 5 metros.

Llegada a nuestro destino y posterior comida en Cabra, Restaurante Atalaya, de la mano de Jackie, donde nos deleitamos con unas migas y lomo acompañado de unas cañas y un  excelente fino Moriles de la tierra, que compensó tan adversa meteorología.

Bonita jornada, lastima que el tiempo no nos dejará disfrutar del dia a tope.

Repetiremos

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Por José A. Espejo

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Sierra de Parapanda

parapanda

Sierra de Parapanda

Elevación caliza de 1.608 metros de altitud máxima (Pico de El Morrón) que se extiende de norte a sur en el límite de los municipios de Íllora, Alomartes y Montefrío.

 

25 octubre de 2019

SIERRA DE PARAPANDA

Una de las mejores e improvisadas excursiones montañeras, que hemos realizado en bastante tiempo por discurrir en un 80% por un enorme bosque de pinos.
Entre Illora y Alomartes, Granada, se encuentra esta enorme mole pétrea, orográficamente muy va­riopinta.

Partimos del área recreativa Parapanda-Alomartes, para a través de un bonito pinar de repoblación, con bastante pendiente, alcanzar nuestro primer objetivo, el Cerro de Los Santos (1.071 msnm), gran mirador hacia la Vega de Granada, Sierra Nevada, Sierra de Loja y Sierra Elvira, las Subbéticas Cordobesas y en lontananza, la Almijara, Sierra de las Nieves………

Continuamos hasta una covacha, Cueva del Agua y a partir de aquí perdimos el sendero, así que campo a través y con una exigente subida, encontramos de nuevo el sendero que nos llevaría al exten­so lapiaz-altiplanicie de la cima norte de la Peña del Aguila.

De aqui a un amplio puerto, Hoya del Brezal, lugar con abundantes rafas y catas de cantera, donde se inicia el ascenso a la Cumbre de Parapanda o Pico Morrón (1.608 m.), lugar nada bonito por la gran cantidad de antenas de telecomunicaciones que invaden el lugar, aunque las vistas son de foto.

Fotos de rigor y regreso por el Carril entre el cerro de las Yeseras y el Cerrajón (1. 503 m.) buscando realizar lo que resultó una bonita circular.
Arribamos a una cantera de “caliza beige” y «falsas ágatas», donde yacían en cubos pétreos abandonados junto al Cerrajón.

Seguimos el carril y nos adentramos en un bonito y espeso encinar/pinar hasta lo que parecía una laguna seca donde los moteros se recrean, Puerto de Artesilla.

Desde aquí iniciamos la vuelta, entre el pintoresco pinar, casi seco, a través de un sinuoso y largo senderillo en descenso, que recorre los Montes Orientales hasta llegar a Cerro Gordo, Cañada Honda y nuestro destino, el área recreativa.

 

José Antº Espejo

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Por José A. Espejo

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El jardín del Moro

jardín del moro

Jardín del Moro

jardín del moro

El romántico nombre de Jardín del Moro corresponde a un crestón rocoso fortificado que se localiza en las estribaciones del macizo de la Horconera, y más concretamente en un espolón formado por la prolongación del pico Bermejo hacia el sur, en el llamado Cerro Poyato.

Todavía hoy se pueden apreciar los restos de una muralla y un aljibe, coronando este último la cota máxima del emplazamiento. La muralla consta de unos 25 metros de longitud y una altura de caja de unos 65 centímetros. En realidad, habría que hablar de dos murallas, ya que, aunque forman un solo cuerpo arquitectónico, pertenecen a dos momentos constructivos diferentes, donde la más reciente no hace sino fortalecer a la de construcción más antigua, aumentando el grosor y solidez de la misma.

En opinión del arqueólogo Rafael Carmona, esta segunda muralla más reciente puede ser de la época en que el castillo pasó a manos de la Orden de Calatrava, es decir, desde 1.281, pero, como indica este autor, por el momento no se puede asegurar a ciencia cierta, ya que este modo de construir también se da en época nazarí.

El aljibe, parcialmente excavado en la roca y con fábrica de mampuestos, tiene una planta de unos 7,30 por 2,30 metros, está revocado con mortero de cal pintado a la almagra y presenta restos de la bóveda de medio cañón original.

Una plataforma permitía acceder hasta el depósito de agua, mientras unos andenes laterales facilitarían la limpieza del mismo. Al igual que la muralla, este aljibe evidencia dos momentos en la construcción, posiblemente relacionados con diferentes etapas históricas del yacimiento.

Cronológicamente, el recinto cuenta con numerosas evidencias de ocupación en época almohade, siendo significativo el conjunto de dirhemes, los tipos cerámicos y las puntas de flecha de cuadradillo de estos momentos que han aparecido en el yacimiento.

Ya a mediados del siglo, XIX Ramírez y las Casas-Deza decía que se encontraban vestigios de una fortaleza «a legua y media al oeste de Priego entre los horrorosos tajos de la sierra Falconera, en el sitio que llaman Jardín del Moro, a donde no se puede subir sin gran peligro y no hay noticia de su nombre ni se sabe hasta cuándo duró aquel edificio».

Siguiendo los datos ofrecidos por este escritor decimonónico Antonio Arjona Castro fue el primer investigador moderno que accedió, hacia mediados de la década de 1970, a las ruinas del Jardín del Moro, presentando después, previa sugerencia de Manuel Nieto Cumplido, la posibilidad de que las ruinas del Jardín del Moro correspondieran a las del castillo de la villa medieval de Tiñosa.

Rafael Carmona Ávila llegaría a la misma conclusión, ya que una vez conocidos los asentamientos existentes en los valles y montañas de la zona, parece ser que el Jardín del Moro es el único de ese entorno que puede identificarse con la antigua villa de Tiñosa.

Respecto a los datos históricos conocidos, sabemos que el castillo y villa de Tiñosa fueron donados por el rey Fernando III a la iglesia de Santa María (Catedral) de Córdoba, a su obispo Lope de Fitero y al Cabildo el 15 de febrero del año 1245. En 1.280, el rey Alfonso X aprueba el abandono y destrucción del castillo de Tiñosa para que los moros no se pudiesen aprovechar de él.

El asunto, sin embargo, se cerrará, no con la destrucción del castillo, sino con la entrega del mismo a la orden de Calatrava, con cuyo territorio colindaba. Según Arjona Castro, la villa y castillo de Tiñosa ya se había abandonado en 1350. Iluminado Sanz Sancho afirma que Tiñosa fue recuperado por el Cabildo catedralicio, y comienza a ponerse en explotación en 1.488 como simples propiedades territoriales arrendadas a vecinos de Cabra.

Evidentemente, esta segunda repoblación de la segunda mitad del siglo XV tuvo un carácter muy diferente al que poseyó cuando fue donado a la iglesia de Córdoba, dando lugar a poblaciones distintas.

Diversas rutas

Desde el cortijo de Vichira, por un camino que finaliza en una cantera y atraviesa la dehesa del mismo nombre, llegaremos a una profunda garganta, que en época lluviosa deja correr el Arroyo de Las Labores, por donde se puede ascender hasta el Jardín del Moro, buscando las curvas de nivel por la parte izquierda del barranco sin hacer un ataque demasiado directo.

Se trata de una subida extraordinariamente dura, nada recomendable por lo abrupto del terreno, que la hace especialmente peligrosa. En las zonas donde la roca no aflora, un espeso manto de aulagas se encargará de desanimarnos.

Más cómodo puede resultar contemplar los restos del aljibe en la lejanía, desde el tramo de sendero que une el puerto del Cerezo con el Paso de las Chozas; o ver los restos de las murallas de Tiñosa, con ayuda de unos prismáticos, desde el GR-7, en el tramo que discurre entre las dehesas de Peña Lisa y Vichira, concretamente a la altura del conocido como cortijo de la Dehesa de Vichira, instalación ganadera que no debemos confundir con el cortijo de Vichira, del que hablamos la semana pasada.

Antes, habremos pasado por la fuente de los Terneros, cerca del cortijo del Soto Bajo, que consiste en un frontón triangular con un caño metálico que vierte en un pilar bajo de planta cuadrada. Existe una captación de parte del caudal para el abastecimiento del cortijo del Chaparral y también hay un cartel informativo del Parque Natural sobre las vías pecuarias, ya que estamos en un punto estratégico donde confluyen varios caminos ganaderos: la colada de la fuente de Carcabuey a la fuente del Chaparral o de los Terneros, la colada de la fuente del Chaparral o de los Torneros a Zambra y el cordel de Rute a sierra Horconera.

José Aumente Rubio

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