Escuchagranos

Via Pecuaria y Colada de Escuchagranos

JOSÉ AUMENTE RUBIO

Gran parte de la red de carreteras de la provincia de Córdoba se asienta sobre antiguos caminos ganaderos, y con toda lógica, ya que las vías pecuarias utilizaban los trayectos más cortos y cómodos, y los pasos y collados más accesibles, para conectar cortijadas, aldeas, fuentes y descansaderos; así que se podría decir que el trazado de las actuales carreteras ya estaba decidido siglos antes por el paso de las ovejas. Vamos a hablar hoy de una de esas vías pecuarias, la colada de Escuchagranos, que tiene una anchura de diez metros y hace un recorrido de unos cuatro kilómetros por el término de Carcabuey en dirección Sureste a Noroeste. Tal como dice la descripción oficial, tiene origen en ‘El Rodeo’ de la ‘Colada de la Cuesta Lomo y Dehesilla’, en su lateral derecho, pasando por ‘las Vicarias’, ‘El Barrio’ y ‘Ventorrillo’ y llega a ‘Cuesta Algar’. Finalmente se dirige a ‘Escuchagranos’, por donde pasa al término municipal de Cabra. En todo su recorrido aparece construido dentro de la vía pecuaria el ‘Camino Vecinal de Escuchagranos’, y este camino es parte de la carretera CO-7212, que desde la zona de Los Villares se dirige a Cabra pasando por las aldeas de Algar y Gaena.

UN LABERINTO

La colada de Escuchagranos, hoy cubierta de asfalto, nos permite adentrarnos por ese laberinto de sierras, lomas y mogotes separados de multitud de barrancos y arroyuelos, que se disponen al sur de Carcabuey. Los olivos trepan por las laderas y sólo en los lugares más enriscados sobreviven manchones de bosque mediterráneo, aunque cualquier resquicio es bueno para que encontremos notables ejemplares de encinas y quejigos. Las vaguadas más húmedas se aprovechan para pequeños cultivos de membrillos, que dan paso a hileras de álamos blancos en los bordes mismos de los arroyos. Al sur, las vistas de las encrespadas cumbres de la sierra Gallinera sirven de telón de fondo a las cuadrículas de olivos, y al norte hacen lo propio las más suaves elevaciones de Sierra Encinillas y cerros de Palojo. Llegando a la aldea de Algar se divisa a nuestra izquierda las ruinas del castillo del mismo nombre, del que hablaremos la semana próxima.

En el kilómetro 5 de la carretera CO-7212 se ha habilitado, aprovechando una pequeña explanada, un mirador donde se disfruta de una interesante panorámica de la mitad sur del Parque Natural de las Sierras Subbéticas. Por ejemplo, desde este mirador de Algar se aprecia como las «grandes arrugas del terreno» provocadas por el plegamiento alpino –tal como se expone en el panel explicativo allí ubicado– se reflejan hoy día en el paisaje, a través de alineaciones de montañas y valles; y se destacan Puerto Mahína, Sierra Alhucemas, Puerto del Cerezo, Pico Bermejo, Sierra Gallinera o Sierra de los Pollos, siguiendo una dirección noreste-suroeste, así como la Tiñosa, que es el punto más alto de la provincia de Córdoba, con 1568 metros sobre el nivel del mar. Rodeando estas cumbres predominan rocas arcillosas como las margas, que nunca llegaron a petrificar, y que el hombre ha utilizado para implantar olivos, de tal manera que desde este privilegiado mirador se aprecian perfectamente «los mantos de olivos que circundan las sierras», así como pequeños poblados y aldeas que salpican el blanco del paisaje, sin olvidar las ruinas del castillo de Algar, que quedan muy cerca.

Cuesta del Algar

A unos 500 metros del mirador, surge un camino a la derecha, en cuyo inicio se encuentra un pozo cubierto con una casilla, acompañado de un pequeño pilar de ladrillo, que figura en los mapas como «pozo de la cuesta del Algar». Entrando por ese camino y desviándonos a la derecha antes de llegar al cortijo que da acceso, daremos con el lentisco híbrido de Escuchagranos, catalogado como árbol singular por la Junta de Andalucía. Este ejemplar es destacable por varias razones. En primer lugar, está su rareza, ya que se trata de un ejemplar de carácter híbrido resultado de un cruce entre dos especies diferentes aunque muy cercanas, el lentisco (Pistacia lentiscus) y la cornicabra (Pistacia terebinthus); y en segundo lugar, su porte arbóreo -alcanzando 7 metros de altura y un perímetro de tronco de 1,10 metros- ya que dichas especies parentales suelen tener más bien porte arbustivo. Originalmente este ejemplar contaba con dos troncos crecidos de la misma cepa, pero en la actualidad sólo está vivo uno de ellos. El otro tronco está seco pero aún se mantiene en pie. El tronco vivo se ramifica a poca altura sobre el suelo en dos ramas maestras, que sostienen una copa de perfil más o menos redondeado. Este individuo se localiza en una ladera orientada al sureste, con suelo arcilloso. El hábitat es un pastizal con arbolado fundamentalmente de encinas y matorral disperso, con predominio del matagallo.

Agradable camino

Desde el poblado de Algar surge hacia el norte un camino terrizo que finaliza en el cortijo de Peñarrubia y que pasa también por las ruinas del cortijo de Escuchagranos, que da nombre a todo el paraje. Es una buena alternativa si preferimos abandonar el asfalto para dar un agradable paseo disfrutando del paisaje. En realidad se trata del camino provincial «de Escuchagranos» (CP-176). Tiene algo más de 2 kilómetros y finaliza en un collado situado a 780 metros de altitud que separa dos prominencias que forman parte de una loma alargada que se prolonga hasta el portezuelo de Palojo. El camino asciende dejando a la derecha el barranco de Ramírez, que nos separa de Sierra Encinillas. Al borde del mismo se sitúan las ruinas de varios cortijos, que hacen evidente el abandono del medio rural.

Desde el collado donde se sitúa el cortijo de Peñarrubia, podemos descender hacia la otra vertiente por un camino algo más desdibujado hasta cruzar la cabecera del arroyo Algar, rodeado de algunos álamos, y aproximarnos a la pared rocosa que se alza de frente, por encima de la cual se dispone el paraje de Los Hoyones y el cerro de la Camorrilla. A los pies de este escalón calizo se aferra un denso y alargado bosquete que cuenta con buenos ejemplares de encinas y quejigos. Si descendemos hacia el sur saldremos a los prados de Salmerón, un delicioso valle rodeado de vetustas encinas y quejigos, en cuyos alrededores Antonio Carbonell Trillo Figueroa citaba restos antiguos, como aparece en un Boletín de la Real academia de Córdoba del año 1949. Al otro lado de la carretera se extiende el encinar adehesado de Sierra de Gaena.

 

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