San Cristóbal, Ermita del Santo

san cristobal

JOSÉ AUMENTE

En los últimos 50 años, el 60% de los humedales de la provincia de Córdoba han desaparecido como consecuencia de actuaciones de desecación, urbanización y otras actividades derivadas de malas prácticas agrícolas en su entorno. Durante muchos años incluso la Administración propició su eliminación mediante la ley Cambó, pero muchos de estos espacios de origen endorreico, que se han modelado sobre materiales impermeables del Triásico y que pertenecen a la cuenca del Guadalquivir, han resistido hasta hoy, han aguantado a pesar de sufrir una climatología de marcada sequía estival y un balance hídrico generalmente negativo.

Son ampliamente conocidas las zonas húmedas que fueron incluidas en la ley de Espacios Protegidos de Andalucía de 1989 bajo la figura y denominación de Reservas y Parajes Naturales de las Zonas Húmedas del Sur de Córdoba –como son las lagunas de Zóñar, Rincón, Jarales, Amarga, Salobral y Tíscar- espacios privilegiados que tuvieron la suerte de ser adquiridos por la Administración, consiguiéndose de este modo su protección total y efectiva. Pero hay más zonas húmedas repartidas por la campiña que no han corrido la misma suerte y hoy están gravemente amenazadas. Sin embargo estos lugares también merecen ser conservados por ser elementos fundamentales de nuestro patrimonio natural y constituir además la principal fuente de biodiversidad del sur de la provincia de Córdoba.

Se trata de humedales estacionales que en los años de lluvias abundantes destacan como refugios de gran cantidad de aves acuáticas pero que en las épocas de sequía suelen pasar desapercibidos. A esta situación de desamparo en la que se encuentran estas lagunas se le ha unido este invierno la falta de precipitaciones, que está propiciando que los propietarios de los terrenos cercanos estén aprovechando esta circunstancia para llevar las labores agrícolas hasta la misma cubeta, arando y retirando poco a poco todo el cinturón perilagunar. Estos mismos aprovechamientos agrícolas producen también contaminación difusa al arrastrar hasta el vaso lagunar los lixiviados de productos fitosanitarios y fertilizantes químicos; además, con frecuencia, se acometen pozos y obras de drenaje para evitar en lo posible que se inunden, y soportan una fuerte presión cinegética, pues los terrenos donde se encuentran están dentro de cotos de caza menor, lo que conlleva también la contaminación por perdigones de plomo, que afecta especialmente a las aves acuáticas.

En febrero de este año, Ecologistas en Acción anunció a los medios de comunicación que iba a reclamar a la Consejería de Medio Ambiente, como un intento de salvarlos de la destrucción, la inclusión de cinco humedales cordobeses en el inventario andaluz, entre los que se encontraba la laguna de San Cristóbal en Cabra. Y a muchos habrá sorprendido que en el término de Cabra se localice una zona húmeda digna de tal consideración, y eso a pesar de que la mencionada laguna está en las mismas afueras de la ciudad.

Este ha sido un mal año para la laguna de San Cristóbal. Cuando fui a visitarla estaba completamente seca, pero se podía apreciar sus dimensiones y también imaginar el espectáculo que debe ofrecer en años lluviosos, habitada por patos, culebras de agua, ranas o tritones.

La mejor manera de acercarse a conocer esta laguna es a través de la vía pecuaria denominada colada del Tobar.

Desde la calle Cuesta del Garrote, poco antes de llegar al cementerio, donde se localiza Viveros Gómez, tomamos el camino de la derecha que desciende hasta unas huertas que se disponen a la vera de la colada del camino de Gaena. Una vez cruzada esta vía pecuaria, la colada del Tobar asciende por un camino rodeado de olivos que se bifurca al llegar a un altozano. El camino de la izquierda es el antiguo camino a Lucena. Por el camino de la derecha, coincidente con la vía pecuaria, descenderemos hasta la laguna de San Cristóbal, dejando a la derecha el cerro del mismo nombre.

La laguna de San Cristóbal recibe tal denominación de una ermita que se localizaba en un cerro cercano, situado al noreste, de 477 metros de altitud, y que hoy es un cortijo privado. Ramírez y las Casas-Deza decía a mediados del siglo XIX, refiriéndose a las ermitas del término municipal de Cabra: «Fuera de esta villa están: Nuestra Señora de Belén, San Marcos y San Cristóbal, de cuyas fundaciones no se sabe más sino que estaban fundadas en 1550».

Si se sube al mencionado cerro, y nos asomamos entre las copas de los centenarios olivos que lo cubren, podemos obtener una buena panorámica de la laguna.

Es curioso observar que en todos los pueblos de la zona hubo una ermita con esta advocación. En Baena estuvo situada en un cerro a la salida hacia Luque, según el insigne historiador e hijo predilecto de la ciudad, Don Francisco Valverde Perales.

En Zuheros también hubo otra ermita en el llano del mismo nombre o castillo de Allende, donde anteriormente estuvo la antigua parroquia de Zuheret, fundada en 1568 por el obispo de Córdoba Don Cristóbal de Rojas Sandoval.

En la localidad de Luque existió otra, citada por Ramírez y las Casas-Deza de entre las cinco que se encontraban fuera de la población, en una colina a la que se llegaba por medio de una senda adornada de almendros y olivos, donde se habían colocado cruces de piedra.

Y en Lucena estuvo situada en un cerro a la parte del mediodía, donde hubo un atalaya, cuyo origen se remonta al menos al año 1505, aunque fue reedificada en 1668 por el licenciado don Juan Cortés Hurtado.

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