Santa Rita

Entre Cabra y Priego, pasado el puerto del Mojón, queda a la derecha el centro de visitantes del Parque Natural de las Sierras Subbéticas, Santa Rita.

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JOSÉ AUMENTE RUBIO     

          La forma más rápida de conocer las características esenciales del Parque Natural de las Sierras Subbéticas es dirigirnos a la zona donde se canalizan las visitas y se coordinan todas las actuaciones de la administración en este espacio protegido. Por la carretera A-340 entre Cabra y Priego, pasado el puerto del Mojón, queda a la derecha el centro de visitantes del Parque Natural de las Sierras Subbéticas Santa Rita.

Estamos en pleno corazón del Parque Natural de las Sierras Subbéticas, entre los términos municipales de Cabra y Carcabuey, y aquí se localizan, formando una sola linde, los montes públicos Santa Rita, Dehesa de Vargas y La Losilla, que suman algo más de 150 hectáreas, gestionados por la Consejería de Medio Ambiente. Las dos primeras ocupan la ladera norte de la sierra de La Cabrera, coronando ésta, con una altitud de 1.085 metros.

Un sendero señalizado nos introduce a través del bosque de la umbría de La Cabrera, donde se puede revivir lo que fueron las florestas del Sur, cazaderos de osos allá por el siglo XIV, cuando Alfonso Onceno escribió su conocido Libro de la Montería . Y casi de aquella época deben de ser algunas de las enormes encinas y quejigos que encontramos en el recorrido. La encina desempeña un papel fundamental para el funcionamiento del bosque mediterráneo. Sus raíces bombean hacia la superficie nutrientes enterrados a varios metros bajo el suelo, a la vez que su sombra condiciona el crecimiento de la hierba y cobija a numerosos animales, que también se benefician de las bellotas. Asimismo, tiene un efecto atemperador sobre el clima.

Todo esto queda reflejado en unos paneles estratégicamente situados en el sendero. Algunas tablillas identificativas colocadas al pie de las principales especies botánicas de la zona permiten que podamos aprender a reconocer correctamente hasta una treintena de plantas diferentes.

Además otros carteles explican características y aplicaciones de las más destacadas, como la encina meridional, el quejigo, el espino albar, la cornicabra o el lentisco. La información se completa con otros paneles colocados más recientemente que nos hablan de los hongos: el Plan Custa (Plan de Conservación y Uso Sostenible de las Setas y Trufas de Andalucía), el micelio de los hongos (‘Aunque no las veas están ahí’), cómo se nutren los hongos, clasificación según su modo de vida, etc…

El sendero de Santa Rita parte desde el lateral izquierdo del centro de visitantes. Tras un prolongado repecho llegaremos a un corpulento quejigo situado a nuestra izquierda, junto al camino. Cuando lo rebasemos veremos una divisoria. De aquí parte, hacia la derecha, otro itinerario que conduce al mirador de La Cabrera, situado a 1.025 metros de altitud, del que hablaremos más detenidamente la semana que viene.

Debemos girar por la vereda de la izquierda. Al llegar a la próxima e inmediata bifurcación de senderos, optaremos por el ramal derecho (volveremos por el de la izquierda para cerrar un bucle) e iniciamos una suave ascensión entre las encinas, con un sotobosque integrado por labiérnago, cornicabras, lentiscos, acebuches, jazmines, jaras, matagallos y rosales silvestres.

Llegaremos a un murete de piedras que traza una curva. Por frente sigue un sendero más difuminado que nos llevaría hasta el Hoyón de Salamanca, en la finca particular Palojo , pero nosotros giramos a la izquierda para bajar y adentrarnos en un espeso y umbrío bosque de encinas. Tanto las yedras como las madreselvas y las zarzaparrillas trepan a lo alto de los árboles y arbustos en busca de luz. En otoño es frecuente ver colgar por aquí, de las ramas de las encinas, los negros y brillantes frutos de la zarzaparrilla, los cuales forman parte de las despensas de algunas aves durante el duro período invernal.

En el sotobosque podemos ver la peonía, una planta extremadamente vistosa durante la floración; sus pétalos son grandes y presentan un color rosado o rojizo; pero habremos de tener cuidado con ellas ya que tienen un cierto grado de toxicidad.

Si nos fijamos detenidamente en los troncos y en las ramas de las encinas, podemos ver que se encuentran tapizados por distintos tipos de líquenes y sobre todo por una capa de musgo de color verde intenso. Al salir de la frondosa umbría llegamos a una zona aclarada en la que se nota la intervención del hombre. A la derecha podemos ver una era empedrada. Esta zona estuvo en su día más deteriorada, pero conforme ha pasado el tiempo se han ido instalando de nuevo los matorrales preforestales típicos del sotobosque y sus acompañantes del estrato herbáceo.

Retomamos de nuevo el camino e iniciamos ahora una subida que nos dejará en la encrucijada de caminos por la que pasamos al principio. Siguiendo el sendero a la derecha volveremos de nuevo al centro de visitantes.

Centro de visitantes

      No debemos irnos de esta parte de las Sierras Subbéticas sin visitar la interesante exposición que contiene el centro de visitantes. Está dotado de un conjunto de unidades de interpretación capaces de transmitir una información de carácter divulgativo, didáctico y científico que contribuya a mejorar el conocimiento del medio natural, de sus características físico-naturales, territoriales y ecológicas y de los distintos subsistemas que componen el marco geográfico del Parque Natural. El centro consta de una zona de recepción-información, zona de interpretación, y sala de proyección.

Se empieza por un resumen de la historia geológica de las Sierras Subbéticas, para pasar a analizar el sustrato litológico fundamental, la roca caliza, con muestras de varios tipos: caliza nodulosa, margocaliza, caliza oolítica… así como el modelado kárstico, que da origen a distintas formaciones: lapiaces, dolinas, poljes, simas y cuevas. De la roca se pasa al bosque, para presentarnos una flora exclusiva. Con la llegada del hombre hace 70.000 años, se producen nuevas modificaciones. Los primeros pobladores introducen nuevos cultivos, como el olivo y la vid; los romanos traen los árboles frutales, como la higuera, ciruelo y cerezo; y los árabes, el limonero, el melón, el granado, el membrillo, la berenjena y el melocotón.

El resultado es un mosaico de ecosistemas con plantas y animales peculiares.

Finalmente se hace referencia a tres aprovechamientos tradicionales del Parque Natural, como son la ganadería, con especial alusión a las vías pecuarias, la caza y el cultivo del olivo para la obtención del aceite. Contigua a la zona de interpretación está la sala de proyección, donde se puede contemplar un montaje audiovisual sobre el Parque Natural.

Por José A. Espejo

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